Cabo de Gata, un paisaje excepcional

El actual Parque Natural de Cabo de Gata-NÍjar se ubica en el área subdértica del sureste de la provincia. La zona queda incluida, por sus caracteísticas físicas e históricas, en el Campo de Níjar, que puede dividirse hoy en dos zonas bien diferenciadas que vienen a coincidir básicamente con lo que tradicionalmente los habitantes de Níjar denominaban como Campo de Acá, una vasta extensión entre Sierra Alhamilla y la Serrata, y donde se sitúa el propio pueblo de Níjar, y una segunda zona, mas próxima al litoral, donde se extendu00eda el Campo de Allá, entre la Serrata y el mar.

En la primera zona, la agricultura de cultivos de invernadero ocupa una gran parte de la misma, constituyendo un nuevo paisaje agrario en construcción y en la que el paisaje tradicional ha desaparecido pru00e1cticamente. La segunda zona, que se corresponde a grandes rasgos con los límites del actual Parque Natural, situada en una estrecha franja que bordea el litoral. Esta zona se caracteriza por la pervivencia significativa del paisaje tradicional, así como por el avance de un relativamente reciente turismo de litoral atraído por la insólita belleza de su paisaje. Su clima es de tipo desértico mediterráneo, con una media anual de lluvia que no supera en la zona mas extrema los 150 mm.

Históricamente, esta escasez de agua forzó un cultivo de secano de muy baja productividad y de precario equilibrio, con abundantes terrazas en laderas muchas veces escarpadas. Los cultivos de regadío se desarrollaron en las cortas ramblas donde podían regarse pequeñas extensiones de huertas gracias a las norias. También han dejado en el paisaje una gran impronta los cultivos de plantas tales como las chumberas y atochares, que ganaron terreno a la vegetación autóctona al implantarlos con la finalidad de completar la alimentación humana y animal, así como por intentos fracasados de cultivos para aprovechamiento industrial (el caso de las chumberas).

El poblamiento humano se caracteriza por un gran número de pequeños cortijos, algunas cortijadas de mayor tamaño (cortijo del Fraile, cortijo del Nazareno, etc.), así como pequeños núcleos que se sitúan junto a las ramblas donde el agua se consigue de los pozos (Agua Amarga, El Pozo del Fraile, Las Hortichuelas, etc.). La vivienda tradicional tiene unas características particulares: volúmenes cúbicos, una sola planta, arcos fajones, contrafuertes, etc. y edificios anejos como cochiqueras (zahúrdas), hornos, aljibes, donde por contraste a las formas cúbicas de la casa abundan las formas redondeadas. Todo en su conjunto muy adaptado a las condiciones del terreno, de donde se extrau00edan todos los materiales utilizados en la construcción de las viviendas (piedras, pitanco, tierra, yeso y cal).

El juego que se produce entre todos estos elementos y factores, tanto naturales como humanos, articula un paisaje de características excepcionales, en el que las construcciones tradicionales tienen un importante papel. Estos elementos, sobre todo los aljibes y molinos, proporcionan una fuerte impronta al territorio constituyéndose en hitos paisajísticos por su diseminación en algunos casos y por su concentración en otros. En conjunto estas construcciones forman un patrimonio etnológico único en Andalucía, por la elevada concentración y características tipológicas en el caso de los aljibes, por el uso de artes de madera en el caso de la norias de sangre, y en cuanto a los molinos de viento por ser el único lugar de la región (junto con Vejer de la Frontera, en Cádiz) donde los encontramos.

Esta parte del Campo de Níjar, el Cabo de Gata, ha sido históricamente una zona prácticamente despoblada. Los restos de poblamiento prerromano y romano son de muy escasa entidad, cuando no discutidos. En el periodo hispanomusulmán el panorama sigue la misma línea. De este periodo hay que destacar que aparece el núcleo de Níjar. De esta época son también las primeras noticias fehacientes de la actividad ganadera organizada, que utiliza estos pastos en una trashumancia a pequeña escala desde aquí hasta las vecinas Sierras de Gádor y Filabres.

Pero en su conjunto, la zona que nos ocupa no es atractiva para su ocupación, ya que la actividad prioritaria en dicho periodo hispanomusulmán es la agricultura de regadío, intensiva. Por otro lado la inseguridad de la costa debida a los constantes ataques piratas, hizo que solo a partir del siglo XVIII, con la consolidación de un programa de defensa costera con los Borbones, el territorio del Cabo de Gata fue ocupado en extensión.

Los aljibes, tanques, norias, molinas y molinos de viento del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar aportan, en primer lugar, un alto interés etnológico (por sus valores funcionales, morfológicos, tipológicos y simbólicos) al presentar un elevado número de elementos reveladores de la singularidad cultural de toda esta zona árida. También, estos bienes, en algunos casos, presentan un importante valor histórico, de gran interés científico y arqueológico, como testimonios representativos para el conocimiento de la ocupación de diferentes culturas de este medio desértico, único en Europa.

Los pozos, aljibes y estanques representan diferentes mecanismos de captación, almacenamiento, distribución y gestión del agua pluvial y subterránea que conforman eficaces sistemas hidru00e1ulicos que aúnan se mantienen en uso doméstico, agrícola, ganadero o forestal indispensables para la vida cotidiana del actual Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Los grandes aljibes ganaderos, no obstante, han perdido progresivamente su importancia por el declive de la ganadería. Hasta tal punto es así que sin estas construcciones no podríamos entender cómo un territorio como el ya descrito podría haber sido ‘colonizado’. Por un lado, el pastoreo solo ha sido posible por la existencia de aljibes cercanos a los cortijos, sesteaderos o en las cercanías de las rutas ganaderas. Por otro, la propia posibilidad de habitar una zona dependía de la construcción en sus cercanías de aljibes que permitieran el abastecimiento humano. Todo ello ha ido atribuyendo al agua una gran importancia en el acerbo cultural de la zona, de forma que había que mantener una gran atención a estos elementos tal como la que se dispensaba para el correcto mantenimiento: era preciso mantener muy limpia el área circundante al aljibe, las zanjas de captación y conducción del agua, así como el propio aljibe. Otras labores relacionadas con los aljibes que requerían gran esfuerzo eran las de mantenimiento y limpieza del vaso para eliminar los lodos que en él se decantaban y que reducían progresivamente la capacidad del almacenaje, así como la limpieza y, caso de ser necesaria, la reconstrucción de las acequias de captación.

Los molinos de viento, introducidos en el s. XIX, perdieron su funcionalidad en los años 70, y desde entonces, el abandono generalizado ha originado su mal estado, con pérdida de la maquinaria y de la mayoru00eda de los elementos de madera vinculados al inmueble. En la actualidad este hecho ha conllevado a promover rehabilitaciones por parte de la Administración Autonómica de un grupo de molinos. El viento es la fuerza usada tradicionalmente en el Campo de Níjar y otros lugares de Almería para la molienda del grano. Esto era debido aquí a la ausencia de cursos de agua permanentes que son los que permiten el molino hidráulico. En Andalucía sólo existen dos zonas con dominancia de los molinos de viento: Vejer de la Frontera en Cádiz y los molinos almerienses. Los molinos de viento del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar son muy semejantes al tipo de molino cartagenero y también al manchego, diferenciándose del llamado andaluz en la mayoría de los aspectos.

Esta parte del Campo de Níjar, el Cabo de Gata, ha sido históricamente una zona prácticamente despoblada. Los restos de poblamiento prerromano y romano son de muy escasa entidad, cuando no discutidos. En el periodo hispanomusulmán el panorama sigue la misma línea. De este periodo hay que destacar que aparece el núcleo de Níjar. De esta época son también las primeras noticias fehacientes de la actividad ganadera organizada, que utiliza estos pastos en una trashumancia a pequeña escala desde aquí hasta las vecinas Sierras de Gádor y Filabres.

Pero en su conjunto, la zona que nos ocupa no es atractiva para su ocupación, ya que la actividad prioritaria en dicho periodo hispanomusulmán es la agricultura de regadío, intensiva. Por otro lado la inseguridad de la costa debida a los constantes ataques piratas, hizo que solo a partir del siglo XVIII, con la consolidación de un programa de defensa costera con los Borbones, el territorio del Cabo de Gata fue ocupado en extensión.

Los aljibes, tanques, norias, molinas y molinos de viento del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar aportan, en primer lugar, un alto interés etnológico (por sus valores funcionales, morfológicos, tipológicos y simbólicos) al presentar un elevado número de elementos reveladores de la singularidad cultural de toda esta zona árida. También, estos bienes, en algunos casos, presentan un importante valor histórico, de gran interés científico y arqueológico, como testimonios representativos para el conocimiento de la ocupación de diferentes culturas de este medio desértico, único en Europa.

Los pozos, aljibes y estanques representan diferentes mecanismos de captación, almacenamiento, distribución y gestión del agua pluvial y subterránea que conforman eficaces sistemas hidráulicos que aúnan se mantienen en uso doméstico, agrícola, ganadero o forestal indispensables para la vida cotidiana del actual Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Los grandes aljibes ganaderos, no obstante, han perdido progresivamente su importancia por el declive de la ganadería. Hasta tal punto es así que sin estas construcciones no podríamos entender cómo un territorio como el ya descrito podría haber sido ‘colonizado’. Por un lado, el pastoreo solo ha sido posible por la existencia de aljibes cercanos a los cortijos, sesteaderos o en las cercanías de las rutas ganaderas. Por otro, la propia posibilidad de habitar una zona dependía de la construcción en sus cercanías de aljibes que permitieran el abastecimiento humano. Todo ello ha ido atribuyendo al agua una gran importancia en el acerbo cultural de la zona, de forma que había que mantener una gran atención a estos elementos tal como la que se dispensaba para el correcto mantenimiento: era preciso mantener muy limpia el área circundante al aljibe, las zanjas de captación y conducción del agua, así como el propio aljibe. Otras labores relacionadas con los aljibes que requerían gran esfuerzo eran las de mantenimiento y limpieza del vaso para eliminar los lodos que en él se decantaban y que reducían progresivamente la capacidad del almacenaje, así como la limpieza y, caso de ser necesaria, la reconstrucción de las acequias de captación.

Los molinos de viento, introducidos en el s. XIX, perdieron su funcionalidad en los años 70, y desde entonces, el abandono generalizado ha originado su mal estado, con pédida de la maquinaria y de la mayoru00eda de los elementos de madera vinculados al inmueble. En la actualidad este hecho ha conllevado a promover rehabilitaciones por parte de la Administración Autonómica de un grupo de molinos. El viento es la fuerza usada tradicionalmente en el Campo de Níjar y otros lugares de Almería para la molienda del grano. Esto era debido aquí a la ausencia de cursos de agua permanentes que son los que permiten el molino hidráulico. En Andalucía sólo existen dos zonas con dominancia de los molinos de viento: Vejer de la Frontera en Cádiz y los molinos almerienses. Los molinos de viento del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar son muy semejantes al tipo de molino cartagenero y también al manchego, diferenciándose del llamado andaluz en la mayoría de los aspectos.

Mapa de Cabo de Gata